Perder a una persona a la que queremos es, probablemente, una de las experiencias más intensas, profundas y dolorosas que atravesamos a lo largo de la vida. Cuando alguien significativo deja de estar presente, no solo afrontamos el vacío físico de su ausencia: nos vemos ante el desafío de adaptarnos a una nueva realidad, a nuevas rutinas y a una cotidianidad que se ha transformado de forma involuntaria.
El duelo es el proceso psicológico, emocional y corporal natural que se desencadena como respuesta a una pérdida importante. Aunque solemos vincularlo de forma inmediata a la muerte de un ser querido, los seres humanos también podemos experimentar procesos de duelo ante una ruptura de pareja, un divorcio, la pérdida de un empleo, un diagnóstico médico, un cambio de etapa vital o la pérdida de cualquier proyecto que albergase un sentido profundo para nosotros.
Comprender la naturaleza del duelo no elimina el dolor, pero sí nos permite transitarlo con mayor compasión hacia nosotros mismos, rodeándonos del respeto y los tiempos que una herida así requiere.












